8/5/19

Unas elecciones En Pie

La izquierda se presenta dividida a los próximos comicios autonómicos y municipales. Una izquierda que ha pasado de la ilusión de una victoria posible al desengaño ante la pérdida de votos y la fragmentación. En el camino, procesos internos que como mínimo han alejado la perspectiva de un partido movimiento que corrigiera los males endémicos de la práctica política convencional. No nos representan gritaba el 15M. Se refería a todas las formaciones políticas enquilosadas en viejas formas y fórmulas.

3/5/19

¿Gobierno? No, gracias.

El PSOE debe gobernar. Debe y puede, y más nos vale que se apoye en Unidas Podemos, más nos vale que se olvide de Rivera y compañía. Entonces gobierna el PSOE. ¿Cómo gobierna? Como ha gobernado siempre. Un partido social liberal no puede dar otra cosa que un gobierno social liberal. El rescate a la banca, el artículo 135, la primera reforma laboral, el desahucio exprés, el secuestro del Open Arms,... Si Sánchez se apoya en Rivera será peor, seguro, pero la pregunta que nos debemos hacer es la siguiente y es doble: ¿Puede Unidas Podemos, con sus 42 diputadas, entrando en un gobierno con el PSOE, contrarrestar el liberalismo marca de la casa? ¿Debería Unidas Podemos aceptar formar parte de un gobierno social liberal dejando toda iniciativa de oposición a la derecha?

30/4/19

Pero... ¿quien escribió la historia?

El lema de campaña de Unidas Podemos apelaba al protagonismo de la gente. La historia la escribes tú, mensaje directo y claro para un momento que parece alejarnos precisamente del postulado, que remite a un ciclo, el del 15M, ya extinto. La historia la escribes tu, el cambio todavía es posible, todavía quedan fuerzas para frenar la reacción virulenta personificada antes de las elecciones por el nuevo monstruo verde ante el cual, el miedo ha vuelto a cambiar de bando, otra vez sobre nuestras espaldas. Pero... ¿quien escribió la historia que pudimos leer el día después?

28/4/19

Y sin embargo, VOTAR

Hoy es día de elecciones, también un remanso entre campañas. Termina una, empieza otra. Se abrirá un proceso complejo durante el cual se cruzarán tres contiendas electorales con las negociaciones para formar un nuevo gobierno. Nada de eso tiene que ver con la política real. La política real tiene dos campos. El de los pasillos y reservados, las reuniones a puerta cerrada, conversaciones secretas (y no tan secretas) entre prohombres de la patria cuya influencia y poder en el ámbito del estado y la economía, les convierte en garantes de un sistema de dominación de clase. El otro campo es el de la gente de abajo que se organiza, de forma abierta y pública, para resistir esa dominación. El movimiento feminista, la PAH, el movimiento sindical hoy en día depauperado, los chalecos amarillos en Francia, las movilizaciones contra la desidia de la clase dominante frente al cambio climático, y un largo etcétera que se alarga hacia el pasado, el presente y el futuro.

2/5/18

Cuando la revolución termine

Reseña publicada en el número 02 de la revista La Hiedra
La primera novela de la escritora hispano siria Leila Nachawati nos sitúa ante una crónica sentimental, en el mejor de los sentidos, de la revolución siria y quienes la protagonizan. Una multiplicidad de voces configuran una estructura fragmentada, una suerte de red de personajes vinculados entre sí por un hilo invisible, un hilo que poco a poco va tirando de ellos y ellas, arrastrándoles hacia el interior de un inmenso agujero. La historia la sufren siempre los pueblos, dice el filósofo Santiago Alba Rico.

23/4/18

The Walking Dead o la irresistible necesidad de matar a un niño

Artículo publicado en la web Poder Popular
En 1976 el director Chicho Ibáñez Serrador estrenó la película ¿Quién puede matar a un niño? una historia en la que los niños y niñas de una isla enloquecen y asesinan a sus habitantes mayores de edad. El éxito de esta macabra empresa se debe a una cuestión de índole moral. Aun ante la evidencia del peligro inminente, ninguna de las personas de la isla es capaz de matar a un niño, ni siquiera para defender la propia vida. La película aborda así un tabú cinematográfico, el de la violencia explícita contra menores, para darle la vuelta y utilizarlo como recurso narrativo. La incapacidad de las personas adultas para superar su mirada sobre la infancia, que se asocia inevitablemente a la inocencia, les impide reaccionar ante la amenaza real.