
En una de las Pinturas Negras de Goya, el titán Saturno, Cronos en la mitología griega, devora a uno de sus hijos para evitar que este le destrone. Resulta una imagen aterradora de un acto de canibalismo filicida, cuyo horror se refleja en el rostro del titán. Esos ojos a punto de reventar fuera de sus cuencas son una señal de ferocidad y de locura, pero tal vez puedan indicar también la contradicción que le atenaza: para sobrevivir debe aniquilar a su descendencia, o lo que es lo mismo, anular la posibilidad de un futuro para prevalecer en el poder.