No es posible la poesía después de Auschwitz, dijo Th.W.Adorno en su día. Puede que sea cierto pues no vivimos en ese tiempo, no vivimos después de Auschwitz. Los acontecimientos actuales en Gaza, como otros acontecimientos pasados en Ruanda, en Bosnia, en Kósovo, en Siria, lo demuestran. El Holocausto no fue el pretendido irrumpir de una tragedia de radicalidad impensable, ni una ruptura catastrófica en el discurrir de la historia, fue más bien la consecuencia de unas condiciones sociales y políticas dadas, la consecuencia del intento de culminar un proyecto cuyo fin consistía en erradicar el conflicto social. Un proyecto de las élites europeas y norteamericanas de entonces que sigue siendo el proyecto de las élites europeas y norteamericanas de ahora (de todas las élites, en realidad).







