
Resulta muy difícil hablar de La carretera sin destripar el final. Leí la novela de Cormac McCarthy habiendo visto la película, y esperaba llegar a ese momento como si me correspondiera por derecho. Al mismo tiempo, una chispa de inquietud en el estómago me advertía de la posibilidad de diferencias más o menos sutiles, más o menos obvias, capaces de alterar el recuerdo de las sensaciones vividas al terminar el film.

